La dignidad: El primer peldaño para evitar el acoso laboral

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El pasado mes de septiembre durante el trayecto en autobús desde Petra a Amán en Jordania, coincidí con una pareja de nacionalidad mexicana y un ciudadano de la India que trabaja en Riyadh, Arabia Saudita.

Como es natural, para hacernos una idea de quienes son nuestros interlocutores cuando hablamos entre desconocidos casi siempre surgen preguntas relacionadas con  nuestro trabajo. Y claro, cuando digo que trabajo como psicóloga – coach, por lo general, las personas me cuentan  experiencias íntimas y personales con la esperanza de ser comprendidas y escuchadas.

Así que, mientras el autobús recorría a gran velocidad el camino hacia Amán, la pareja mexicana compartió conmigo sus experiencias en Medio Oriente. Me explicaron que trabajan en el sector del turismo en una zona de alto nivel adquisitivo en México y que gracias a las onerosas propinas que reciben de sus clientes tienen el privilegio de viajar.  

Por su parte, Ranjit, el hindú, en el descanso del trayecto, mientras tomábamos un delicioso té en un restaurante decorado con lámparas de cristales con forma de lágrimas y el suelo tapizado de alfombras, me  contó lo que él denominó su “crisis interior”.

En la multinacional en la que trabaja una de las políticas de empresa es “presionar” a los empleados para que cumplan sus objetivos. Ranjit me confesó: “lo estoy pasando muy mal porque estoy absolutamente convencido de que mis subordinados serían más felices y más productivos si yo los tratara con fórmulas sencillas de “buen trato”, es decir, utilizando al menos dos palabras, ‘por favor’ y ‘gracias’”.

Le pregunté a mi nuevo amigo si él también era tratado con fórmulas de presión y su respuesta fue afirmativa y contundente. Concluimos que el arma más poderosa y utilizada para instaurar el acoso es el miedo a perder muchas cosas, como por ejemplo, en el caso de sus empleados un sueldo que apenas les permite vivir dignamente. Pero, el verdadero problema es que estas empresas no solamente están en Riyadh sino que están en todas partes del mundo.

Recuerdo que en una conversación que tuve al regreso de mi viaje de Israel, un diplomático español que ha estado destinado en varios países de LATAM me comentó que algunas empresas españolas que tienen implementados en España planes de prevención de riesgos laborales, códigos éticos contra el acoso y que tienen dentro de sus valores la Responsabilidad Social Coporativa, en el momento en que se expanden a otros países dejan del lado todas estas prácticas que van en contra del bienestar emocional de los empleados.

En el marco de un curso de Prevención del Acoso Laboral que impartí en este último mes en un organismo de la administración pública en Madrid,  los participantes llegaron a la conclusión de que uno de los problemas para evitar estas practicas es saber delimitar lo que es acoso de lo que no lo es. Uno de los participantes se preguntaba con preocupación: ¿habré acosado al personal al que dirijo?

Si nos ponemos a hilar muy fino y definimos las conductas que se consideran acoso en  cada cultura y en cada país nos quedaríamos sorprendidos. Ya sabes que lo que es válido en una cultura puede ser condenado en otra. Por ejemplo, una doctora venezolana me contó que cuando trabajaba en la sala de urgencias de un hospital y recibía a adolescentes del sexo femenino que habían intentado suicidarse debido a una relación amorosa fallida, ella se enfadaba y les decía: “estúpida, cómo se te ocurrió hacer eso”.

Entonces, nos surge la pregunta: En un mundo globalizado, ¿cómo podemos prevenir el acoso laboral en todos los países del planeta?

No te compliques la vida, porque aunque no lo creas la respuesta es muy sencilla:“respetando la dignidad” de cada persona, entendiendo ésta como: «el respeto y la estima que merecemos y que es innata a todos los seres humanos, fomentando la sensación de plenitud y la satisfacción de cada persona con independencia de su origen, raza, sexo, nacionalidad y sobre todo el derecho que tenemos a ser diferentes».

A priori, decir esto es simplificar de forma extrema un tema tan complejo que no se puede resolver dando un pequeño barniz al concepto de dignidad. Pero, si te detienes a pensar, respetar la dignidad humana es un principio básico para evitar el acoso no solo en el ámbito laboral sino también en todos los espacios de nuestra vida.

En el caso de la doctora, podría preguntarse: ¿daño la dignidad de mis pacientes aunque mis intenciones sean positivas en el momento en que las califico como “estúpidas”?, ¿podría tratarlas de una manera diferente?, ¿me gustaría que me trataran de la misma manera si estuviera en su misma situación?

Por desgracia, Ranjit me dijo que no se atrevía a proponer ningún cambio en su empresa porque sentía miedo de las represalias que se podrían tomar en su contra. A pesar de que se siente incómodo, tiene un buen sueldo que le permite viajar y vivir holgadamente.

Como persona, entiendo y respeto el punto de vista de Ranjit. Y como bloguera, aprovecho este espacio para compartir de forma anónima los pequeños secretos de las personas que se cruzan por mi camino en diferentes partes del mundo.

A veces me siento pesimista y pienso que algunos comportamientos nefastos como el acoso laboral no van a cesar. Pero, en la mayoría de los casos soy  optimista y me sentiría satisfecha si después de leer este artículo todas las personas suprimiéramos pequeños deslices aprendidos por ósmosis que pueden llegar a dañar la dignidad de las personas que forman parte de nuestra vida laboral.

“Convertir la dignidad en un derecho inviolable es el primer peldaño para evitar el acoso laboral”.

Mercedes Valladares Pineda

Psicóloga – Coach Experta en Transculturalidad

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